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Ilustradores... y otros dibujantes

Cómo Dibujar Expresiones

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Gesto de masturbación en Verano Indio, de Hugo Pratt y Milo Manara.

 

Como es bien sabido, el cuerpo humano constituye un potente vehículo de expresividad, utilizado habitualmente como medio de comunicación. Además de los actos reflejos, que son respuestas automatizadas e incontrolables pero que suministran información valiosa existen los gestos conscientes y los gestos inconscientes, verdadera cantera de datos acerca del estado de ánimo y del carácter de los sujetos. Algunos etólogos sostienen que existen gestos estereotipados verdaderamente universales y que incluso se hallan en los primates, como extender la palma de la mano en gesto de petición (gesto de mendicación), o el gesto de las crías que alzan los brazos para que sus madres las alcen y acojan. Entre los seres humanos, el llanto y la risa son expresiones faciales universales, así como el fruncimiento de cejas para expresar enfado y disgusto, o la mirada fija sobre el congénere en expresión de amenaza. Pero junto a este gestuario universal, diferentes culturas han desarrollado códigos gestuales específicos de sus pueblos. Entre los europeos, por ejemplo, son bien conocidos los ricos repertorios gestuales de los italianos del sur.

Un cambio de expresión súbito, de la repugnancia a la alegría, a través de dos viñetas de la serie Quatre doigts, de Milo Manara.

 

El arte de la pintura, que tenía que representar a sus figuras en inmovilidad y sin apoyo de textos escriturales aclaratorios, recurrió muy pronto a un gestuario explícito y estereotipado para expresar estados de ánimo o características psicológicas o intelectuales de sus sujetos. Estos gestuarios ritualizados y codificados se hallan ya en la pintura egipcia y griega, así como en los frescos romanos. Gombrich ha hecho notar que los gestos ritualizados de oración, saludo, duelo en ritos funerarios, sumisión, enseñanza y triunfo figuran entre los primeros codificados por las artes plásticas. El simbolismo gestual pervivió en la pintura del medievo cristiano, en la que la condición docta de un sabio se representaba mostrándolo con el dedo índice de la mano derecha extendido, en gesto de puntualizar algo durante una plática. Y así podríamos acumular ejemplos, como el rostro cabizbajo para expresar humillación o pesadumbre, la boca abierta para indicar sorpresa, etc.

Un llanto furioso apoyado con el golpear de los puños, en Restos de un naufrágio (1985), de Carlos Giménez.

 

No es raro que con tan copiosos antecedentes icónicos los comics elaboraran expresivos repertorios gestuales que, gracias al registro de la distorsión caricaturesca, podrían llegar a exasperarse: la exhibición de dientes como signo de cólera (copiando un extendido rito animal), las manos en el vientre del poseído por un ataque de risa, etc.

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